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¿OTRA VUELTA DE TUERCA?

La escuela que dejamos  el 10 de marzo y la que encontraremos al volver será muy distinta. La “nueva normalidad” supondrá cambios organizativos en cuanto a espacios, tiempos y agrupamientos. También exigirá cambios metodológicos,  profundos en algunos casos.

La asistencia  de un número máximo de 15 alumnos por aula plantea muchas  dudas sobre cómo se podrá llevar a cabo a partir del comienzo del próximo curso. En cualquier caso se requiere  una buena planificación de protocolos para  evitar los posibles contagios y para actuar cuando estos se produzcan.

Al margen de esto, serán necesarios recursos materiales y humanos:  no se pueden  tener 15 alumnos por aula con el mismo número de aulas,  ni se puede atender a la vez la enseñanza presencial y la telemática con el mismo número de docentes.

La incorporación del alumnado  menor de 6 años, de Educación Especial y  “especialmente vulnerable” este curso nos enfoca  directamente a dos problemas, que son más sociales que educativos: la conciliación familiar y laboral y la desigualdad y, sin embargo, se lanzan al tejado de la escuela como si ésta pudiera solucionarlos. La conciliación familiar y laboral requiere políticas públicas socio-económicas  con acuerdos laborales, sanitarios y educativos.

En cuanto a la desigualdad, hay que tener en cuenta que, según los datos de varios informes (Relator de la ONU para luchar contra la pobreza, Save the Children, UNICEF, VIII informe FOESSA, ECV- 2018, Dossier 8 del Observatorio Social de la Caixa …) un porcentaje mayor al 30% del alumnado es especialmente vulnerable . El sistema tiene que garantizar la igualdad de oportunidades y no se trata sólo de resolver la brecha digital. Una prioridad es prestar   una atención especial a ese alumnado, tanto en aspectos materiales (comida digna, material escolar adecuado, …) como de atención directa y coordinada de los profesionales educativos, de servicios sociales, sanitarios,… Todo ello para que no siga aumentando la desigualdad entre el alumnado de familias con mayores y menores recursos económicos.

Un aspecto muy importante a tener en cuenta es que la distribución del alumnado especialmente vulnerable no es uniforme en todos los centros educativos.  La escuela pública acoge un porcentaje escandalosamente mayor que la privada-concertada y en algunas zonas se concentra  en unos pocos colegios esa población. El reparto de recursos materiales y humanos tiene que paliar, en la medida de lo posible esta situación.

Si no es así, se estará dando otra vuelta de tuerca a la injusticia histórica que hace cada vez más vulnerable a la escuela pública.