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EN  RECUERDO DE CARLOS HERANS.

Querido amigo Carlos te has ido muy pronto y demasiado deprisa.

Me parece muy pronto porque habiendo nacido en el mismo año y en el mismo mes que tú, creo que podías haber vivido aun algunos años más disfrutando de tus nietas y de tus hijas, del teatro, de la música, de los viajes, del grabado, de los amigos y de tantas otras cosas que te satisfacían, pero…

Podías haberte ido más despacio para hacernos a la idea de que podía pasar, tiempo quizá para despedirte. Ya sé que no elegimos ni el momento ni la forma de irnos, pero te fuiste sin dar un ruido, sin ninguna molestia, sin interrumpir el quehacer o el no hacer de las personas que te querían y que te seguimos queriendo. Dicen que irse así, sin avisar, sin esperarlo, nos permite recordarte con la cara de siempre, sin las huellas de una enfermedad y sufrimiento prolongados. Recordar tu mirada abierta, amplia queriendo ver más allá, tu barba canosa que en alguna época fue tostada en las proximidades de los labios por efecto de la nicotina.  Tus palabras enérgicas y cariñosas…

Gracias Carlos por tu trabajo en Acción Educativa, asociación que contribuiste a crear con un reducido grupo de personas. Aquí dejaste los mejores años de trabajo, aquí quedó una parte esencial de tu vida laboral y profesional. De una mesa camilla, como siempre la definíais, fue creciendo hasta convertirse en referencia educativa de muchas personas e instituciones. La Escuela de Verano era el encuentro festivo y reflexivo de centenares primero, y luego de miles, de maestros y maestras que ponían en común sus inquietudes y experiencias. Allí estabas tú, en un ir y venir constante, para que todo funcionase bien, para que los cursos, talleres, conferencias, actividades lúdicas resultasen  siempre adecuadas. Es verdad que éramos muchos los que estábamos intentándolo a la vez.

Gracias Carlos por enseñarnos que el teatro infantil era, en el inicio de los ochenta, y lo sigue siendo  ahora, una cosa muy seria, que merece cuidado y respeto porque los niños y niñas, por pequeños que sean, pueden disfrutar y apreciar la calidad y la calidez de los espectáculos preparados para ellos.

Este del teatro infantil fue uno de tus empeños principales, incluso cuando criticabas a la ASSITEJ (Asociación Internacional de Teatro para la Infancia y la Juventud) en el libro Teatro, Imagen, Animación del año 1983. La misma Asociación que en 2017 te otorgó el Premio Aplauso a toda tu trayectoria profesional en el teatro.

El viento que te ha empujado en la vida ha sido el teatro, dijiste en el escrito que enviaste en la recogida del galardón. Fruto de esa pasión y ese viento han sido las Semanas Internacionales de Teatro de Acción Educativa, un legado que continúa a pesar de las dificultades y los cambios. Quizá merecería la pena que estas Semanas Internacionales llevasen tu nombre junto al de Acción Educativa, aunque no fuiste el único en ponerlas en marcha, pero sí el que más entusiasmo y trabajo aportaste.

Gracias Carlos por tu amistad, por tu cariño hacia mí y hacia mi familia. Aún recordamos el encuentro fortuito en Londres y el viaje en barco por el Támesis contigo y con Vicent, del que tú nos mandaste fotos.

Gracias por los grabados que de vez en cuando me enviabas por correo, sobre todo cuando tenías algún reconocimiento externo, gracias por los dibujos que, al final de alguna de las Juntas de Acción Educativa, habías  hecho con primor y cuidado mientras escuchabas y pensabas. Gracias por los textos que, de vez en cuando, compartías. Del último que me enviaste  de Charles Chaplin, quiero seleccionar algunos pensamientos que nos ayuden a quienes seguimos viviendo:

“Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, sólo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.

Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… ¡saber vivir!

No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen estrellas.”

Gracias por todo. Un recuerdo cariñoso que espero dure mucho tiempo en la mente y en el corazón de quienes te conocimos y te quisimos.

Fidel Revilla

26 de junio de 2017.